Nueva película de Street Fighter acierta en la fidelidad al videojuego pero se desordena en su tramo final
El director Kitao Sakurai apuesta por reproducir con detalle los diseños, trajes y poderes de la saga de Capcom, aunque la historia pierde cohesión en su segunda mitad.

La nueva adaptación cinematográfica de "Street Fighter" llegó a la pantalla grande con la misión de capturar el espíritu excesivo de la saga de videojuegos de pelea de Capcom. El director Kitao Sakurai, conocido por su trabajo en comedia, apostó por una recreación cercana a las bases del título original, y según la crítica especializada, ese objetivo se cumple con creces en el apartado visual.
Los diseños, los trajes, los colores saturados, los efectos y los poderes mantienen una fidelidad notable respecto al videojuego. En la cinta, Dhalsim estira sus extremidades, Blanka aparece como una bestia verde eléctrica brasileña, y los personajes anuncian en voz alta sus movimientos antes de ejecutarlos, todo con naturalidad dentro de la acción real.
La trama se centra en Ryu (Andrew Koji) y Ken Masters (Noah Centineo), presentados como casi hermanos entrenados por el mismo maestro y distanciados durante años tras una tragedia. Ambos son reclutados por Chun-Li (Callina Liang) para participar en el próximo Torneo Mundial de Guerreros, que en realidad forma parte de una conspiración del maquiavélico Bison (David Dastmalchian) para obtener un poder ilimitado.
El filme funciona mejor cuando no se toma en serio a sí mismo. Los momentos dramáticos, en cambio, no logran encajar en un festín de golpes y colores donde las amistades masculinas complejas y las historias de venganza quedan eclipsadas entre los "Hadouken" y "Tatsumaki Senpuukyaku". La seriedad termina resultando risible cuando no debería serlo, y la película no alcanza el equilibrio entre lo extravagante y lo que pretende ser trascendental.
Sakurai viene de la comedia y ahí están sus mayores fortalezas, especialmente en su trabajo junto a Eric André, quien desentona demasiado como "Don Sauvage". El director pone énfasis en la acción y en la recreación más fiel posible de los movimientos emblemáticos, algunos de los cuales serán celebrados por los seguidores de siempre.
Esos esfuerzos no logran compensar lo caótico de su segunda mitad, donde las ideas parecen inconexas y la historia pierde sentido respecto a cómo se estaba desarrollando, especialmente después de un prometedor inicio y de los flashbacks al estilo anime realizados por Titmouse Inc, que homenajean a "Street Fighter II: The Animated Movie", de 1994.
Esta nueva adaptación sigue a dos intentos anteriores: "Street Fighter: La última batalla" (1994), con Jean-Claude Van Damme y Raúl Julia, y "Street Fighter: La leyenda de Chun-Li" (2009), con Kristin Kreuk.
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