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Sábado, 17 de octubre

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    El barista que cambió el pasaje a Canadá por una máquina de espresso y fundó una cafetería de especialidad

    Camilo Vásquez gastó sus ahorros de $500 mil en una máquina usada y abrió Singular Coffee en Providencia, en un rubro que entonces daba sus primeros pasos en Chile.

    ChileNoticias4 min de lectura

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    El barista que cambió el pasaje a Canadá por una máquina de espresso y fundó una cafetería de especialidad
    Imagen: La Tercera

    Camilo Vásquez tenía 23 años y trabajaba como barista en la cafetería de una empresa minera australiana. Con un sueldo de $380 mil, cuenta, no le alcanzaba para vivir. En 2013 decidió ahorrar para comprar un pasaje a Canadá y estudiar algo relacionado con la minería, un rubro que veía con mejores perspectivas laborales.

    Cuando había reunido cerca de $500 mil, un compañero de trabajo le mostró un catálogo de máquinas de espresso usadas. Según relata, creía que esos equipos costaban entre $3 y $5 millones, fuera de su alcance. Terminó gastando todo el dinero del pasaje en una de esas máquinas.

    Con el equipo en su poder, se le ocurrió dictar clases de barista. Le pidió un préstamo de $1 millón a su madre y arrendó una sala pequeña en barrio Italia. Al principio dudaba de la convocatoria. "Yo creo que en ese tiempo mi mamá pensó que tiraba su plata a la basura", recuerda Vásquez sobre la apuesta familiar.

    La docena inicial de alumnos fue creciendo, y también llegaron contactos de cafeterías y empresas para capacitar a su personal. Eso lo llevó a buscar un espacio mayor y a abrir una cafetería de especialidad, un formato que solo ofrece café con altos estándares de calidad guiados por la Specialty Coffee Association.

    Con un nuevo préstamo de sus padres, Vásquez inauguró Singular Coffee en Providencia. En ese entonces eran pocos los propietarios de cafeterías de especialidad en Santiago. Tres años antes de la apertura de Singular, el matrimonio de Jake Standerfer y Heidi Philips había abierto Coffee Culture en Maipú, la primera cafetería de especialidad de la capital, según relatan sus fundadores.

    Standerfer y Philips describen un escenario dominado por marcas como Haití, Caribe, Lavazza o Segafredo, con muchas cafeterías para oficinistas o cafés con piernas. "Los primeros años fueron duros. Yo tenía un trabajo paralelo al café, con eso podíamos subsistir", cuenta el matrimonio. Para ellos, vender $30 mil al día era motivo de celebración.

    Redacción propia a partir de información de La Tercera. Si encuentras un error, avísanos y lo corregimos.

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